La pareja tuvo su primer hijo que se convertiría
en el verdadero decano de los magos en Colombia. Este
maestro de la magia tuvo una hija, Miriam Lorgia Vanegas,
una mujer que mucho tiempo después le mostró
el maravilloso mundo de la magia a su hijo de cuatro años:
Carlos Arturo.
Carlos
Arturo nació el 4 de agosto de 1969, en Bogota,
Colombia. Por esa mezcla mágica del amor de madre
con el amor al arte de sus ancestros, Carlos escogió
el apellido de ella para convertirse en "CARLOS LORGIA".
Este
hombre no hubiera podido ser otra cosa en su vida. La
magia era su mundo, sus juegos de niños, su atractivo
entre los amigos de colegio, en su cotidianidad. Crece
y se convierte en asistente de un familiar suyo, hasta
los 16 años, cuando se va a prestar su servicio
militar. La magia dentro de los uniformes militares lo
vuelve popular al punto de recibir una oferta tentadora:
Una beca para hacer una carrera militar. Declinó
la oferta y prefiere entrar al Colegio Superior de Telecomunicaciones,
donde de nuevo la magia le pone en las manos una beca.
Allí recibe el título de locutor, productor
de radio y televisión, para luego recibir una licencia
de locutor de radio y televisión. Ya tenía
claro que la magia era su vida y su destino, por eso tenía
que dominar su voz y los medios para convertirse en lo
que siempre soñó: ser un Mago Profesional.
A los 18 años ya había visitado diferentes
países latinoamericanos con ese título a
sus espaldas y la bandera colombiana ondeando en su alma
.
A los 19 años , Lorgia recibe la invitación
del Casino Municipal de Arica en Chile para hacer una
presentación, la cual culmina con mucho éxito,
y es invitado para trabajar en Santiago de Chile por 4
meses. Desde entonces CARLOS LORGIA no se ha bajado de
escenarios de mucha categoría internacional, como
las Islas Canarias, algunos países europeos, toda
Suramérica, parte de Centroamérica y Norteamérica,
las Antillas Holandesas...
El
mago Carlos Lorgia es una prueba de que las ilusiones
tienen su propia magia. Nacen de un sueño, pasan
por sus manos que parecen pájaros, y luego se convierten
en una realidad palpable, que no sale de un sombrero negro,
ni por el arte de la suerte: Este joven ha comprobado
con suficiente éxito que se pueden hacer realidad
todos los sueños, dependiendo del grado de compromiso
con su profesión. Todos los sueños, incluso
aquel de ser felices nosotros mismos y hacer felices a
los demás.